Nuestros Titulares

CRISTO YACENTE  EN EL SANTO SEPULCRO


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Obra: Cristo Yacente

Autor: Anónimo

Iconografía: Cristo Yacente en el Sepulcro

Adquirido en 1960

Procedencia: Madrid 

Estilo: Neobarroco 

Técnica: Yeso policromado

El Cristo Yacente,  del paso del Santo Sepulcro,  es  una  escultura realizada en yeso policromado.  La obra fue adquirida en Madrid en 1960 y posee una estética popular. Se trata de una imagen religiosa de las denominadas “de Olot”.  
         Representa a Cristo, que ya ha sido crucificado y bajado de la cruz, aparece desnudo, cubierto únicamente con el paño de pureza, sobre el sudario, yacente, como si estuviera en una capilla ardiente.
La idea de muerte se transmite enfáticamente por las heridas y las llagas causadas por el «via crucis» y la crucifixión que Cristo ha tenido que soportar. La intención principal del escultor es crear en el fiel que contempla la obra un sentimiento de realidad para que la obra sea expresiva. La policromía consigue  que las carnaciones, heridas, moratones, etc., acentúen con gran realismo el dramatismo, pero sin pretender caer en la exageración, solo con la pretensión de comunicar un sentimiento religioso.

 

NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD



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Obra: Nuestra Señora de la Soledad

Autor:   F. Correa 

Iconografía:  Virgen de la Soledad

Fecha: 1961/1962  

Procedencia: Granada

Estilo: Neobarroco

Técnica: Madera Policromada

 Vestidor:  D. Álvaro Abril Vela 

 

La Virgen de Nuestra Señora de la Soledad es una dolorosa de candelero (de vestir) tallada en madera policromada. La obra fue adquirida en Granada en 1963 por los Fundadores de nuestra Cofradía. 

Su autor es F. Correa y fue realizada entre 1961 y 1962.  Su vestidor ,es el prestigioso diseñador cofrade granadino, D. Álvaro Abril Vela. 

       Las primeras advocaciones e iconografías pasionistas de la Virgen María fueron la representación de la Piedad y de los Dolores de María, y posteriormente la de la SOLEDAD, en la que María personifica a la Iglesia abandonada y sola con los pecados del mundo tras la desaparición del Redentor.

       La representación de la Soledad y su tradición se remonta a los peregrinos a Tierra Santa y las visitas que se hacían a una capilla dedicada a la Virgen María, conocida bajo el nombre de «Estación de María», que estaba situada frente al Calvario, construida en el siglo 1 d.J.C., levantada en el presunto lugar donde vivió la Madre de Dios, desde la muerte de Jesús hasta su Resurrección. Este séptimo dolor de María en su Soledad, pronto se diseminó por toda Europa.

       Los rasgos expresivos del rostro muestran el sentimiento de pena de la Madre del Redentor  y queda además remarcado por la presencia de unas pequeñas lágrimas de cristal.

En su pecho un corazón traspasado por siete puñales  hacen alegoría a estos siete dolores de María Santísima.

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